viernes, 4 de mayo de 2012

IMPRESO EN GRANADA


Aunque al principio esta entrada estaba pensada para narrar la experiencia vivida en la Oficina Tipográfica instalada durante la pasada Feria del Libro de Granada, el hecho de haberme encontrado rodeado de libros, me hizo recordar un singular impreso conservado entre los fondos del Archivo de la Diputación de Granada que descubrí durante la preparación del material a exponer en una vitrina, y que pude ver y sobre todo “tocar” gracias a la amabilidad, profesionalidad y buen hacer entre legajos y libros de Amalia Gijón y Julia Olivares. A veces, uno se topa con curiosidades bibliográficas sobre las que se impone reflexionar en torno a la imprenta. 

La principal novedad es la de encontrarme no ante un ejemplar, como es habitual en los archivos o bibliotecas, sino ante una buena parte de la tirada de aquel libro, más de 50 ejemplares bien conservados, convenientemente empaquetados por docenas y preparados para su envío al encuadernador y posterior distribución. Pero además, y esto es lo que llamó mi atención, la portada que abre el libro no hace referencia ni al título de la obra, autor u otros datos relativos al contenido de la misma. Lo primero que el lector encuentra en la cincuentena de libros es, en el interior de una orla xilográfica, un escudo real dentro de un recuadro y ocupando más de la mitad de la hoja “Impresso en Granada, en la Imprenta Real”, con el remate de unas estrellas decorativas. 

Con el paso de los años la estructura del libro cambió, los ejemplares se encuadernaban con su cubierta, y abierto el libro la portadilla o anteportada era la primera página impar impresa, justo antes de la portada, la misma era destinada a hace constar el título resumido y el nombre del autor, ya que la portada se reserva para el título del libro y el nombre del autor completo. Los datos del impresor o la imprenta, así como otros aspectos técnicos relativos a la edición eran impresor a la vuelta o también en el colofón, que es la última página impresa donde se incluyen datos relativos a la impresión. Pero en el siglo XVIII la práctica habitual era otra, el primer pliego impreso arrancaba directamente con la portada en cuya parte inferior se hacia constar el lugar, año de la impresión y el nombre del impresor o taller donde fue realizado, los libros salían de la imprenta sin cubierta para que el encuadernador la realizase a gusto del comprador del libro. 
Lo que en este libro ocupa el lugar destinado a portada, en muchos otros de la época aparece al final del mismo y no parece un error al colocar inadecuadamente un pliego de lugar, pues este, como el resto del libro está formado por pliegos de 12 páginas en cuarto (18,5 x 14cm.), por lo que su posición inicial es más que intencionada. Siguiendo esta estructura y los cuerpos de los tipos usados, sin duda, lo más relevante de este libro es que fue impreso en Granada.

Ahora bien, por la página posterior sabemos que el libro trata sobre las Ordenanzas y Constituciones del Real Hospicio de Granada, mandadas guardar por Real Orden de 10 de agosto de 1756, y aunque carece de fecha de impresión, el dato de la orden real y las características del escudo de Armas de la época de Fernando VI, con el collar de la orden del Toisón de Oro, nos ayuda a situar la impresión del mismo entre los años 1756 y 1759. Del interior, compuesto con un tipo romano, puede que salido del obrador de la fundición de tipos de la Imprenta Real de Madrid, y con una impresión bastante aceptable en cuanto a su regularidad, sólo cabe destacar la utilización de manecillas y paréntesis como elemento decorativo en la página 213 y un taco xilográfico con la imagen de un florero sobre la palabra FIN.
 
Es la Imprenta Real granadina, durante el siglo XVIII, la que mayor número de obras estampe en sus prensas, y aunque en muchas obras aparece como ubicada en la calle del Pan, carecen todos sus pies de imprenta del nombre del impresor que las realizaba, como así ocurría hasta 1710 con Francisco de Ochoa, que ostentó hasta su muerte los títulos de impresor real y del santo oficio.

¿Era un taller independiente? o, por el contrario, ¿todas las obras mandadas imprimir por orden real se hacían en alguno de los talleres existentes en Granada?. La falta de un estudio tipográfico sobre los tipos de plomo utilizados en los ejemplares de la Imprenta Real y los de la imprenta de José de la Puerta, el mejor impresor por esos años, abre incógnitas que hasta ese estudio se antojan difíciles de resolver.

La coexistencia de la Imprenta de la Santísima Trinidad, con un taller propio instalado en el Convento de los Trinitarios (la actual plaza de la Trinidad granadina) y en cuyas instalaciones sin embargo imprimieron maestros de la talla de Antonio Torrubia, con taller propio abierto al mismo tiempo, nos sugiere la posibilidad de que estas imprentas “institucionales” dispondrían del material y personal necesario para realizar la tareas propias del oficio y que, cuando el trabajo a acometer lo exigiera, contratarían los servicios de los mejores maestros impresores de la ciudad para que compusieran e imprimieran en dicha imprenta sin necesidad de utilizar ni sus tipos ni sus prensas. Sin duda resultaría más ventajoso para la orden o institución real, pues hecho el desembolso inicial de tipos y prensas solo en el caso de acometer obras de cierta importancia necesitaría la presencia de un maestro impresor, mientras que para el resto de folletos, hojas sueltas e impresos menores podrían acometerlos ellos mismos.

         Sin duda los libros impresos son una suerte de “pozo sin fondo” en lo que casi todo está por descubrir, y dependiendo de como te acerques a ellos te deparan interesantes sorpresas o, como en este caso, me sugieren nuevas líneas de investigación sobre el funcionamiento de aquellos antiguos talleres de imprenta, ¡Fantástico!, no les parece. 

1 comentario:

  1. He encontrado este libro en casa de mi abuelo es identico le agradeceria informacion mi correo electronico es yasminiya18@hotmail.com

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