jueves, 13 de febrero de 2014

CRÓNICAS COREANAS - 대한민국 (5º día)

DÍA 5.-  29 de septiembre, domingo.
De la increíble experiencia con el Maestro Lim In-ho, la visita al Museo del Jikji y de otras inesperadas sorpresas.

    Yo soy un tipo bastante tranquilo en mi día a día, quién me conoce lo podrá confirmar, mi vida en Armilla, que es la ciudad dónde vivo, es hogareña, sencilla y alejada de tantas emociones como las que este viaje me está deparando. Porque si a estas alturas del relato todavía sigue leyéndolo, habrán podido comprobar que este viaje es un constante descubrir, un experimentar en primera persona sobre lo leído decenas de veces, de vivir la emoción de conocer los lugares y las personas que son parte de la historia de la imprenta en Corea, que es la del mundo. Espero que el lector encuentre en esta narración, mucho espacio para la sorpresa y muy poco para el aburrimiento. 


© Culture Heritage Administration. Korea - http://www.cha.go.kr
    
Buscando al Maestro Lim In-ho

       Cuando desperté este día llovía, y cuando llueve en esta parte de Corea es de verdad, porque, pese a ser el otoño la época del año en la que las lluvias empiezan a perder la intensidad del verano, hay días en que diluvia, como hoy, con las nubes cubriendo la cima del monte Gaya y esas cortinas de agua dándole al bosque cercano un aspecto plomizo, maravilloso.
       Hoy había quedado con mis acompañantes temprano, pues teníamos que desplazarnos, desde el Condado de Hapcheon, que era donde estábamos, al centro del país, en concreto nos dirigíamos a la ciudad de Cheongju, que es la capital de la provincia de Chungcheong del Norte, y el lugar dónde se encuentra el Museo del Jikji, un lugar ineludible y esperado en mi visita a este país. Aunque antes nos detendríamos en la pequeña ciudad de Goesan, el lugar donde vive y tiene su taller el maestro Lim In-Ho, a quién hoy, por fin, conocería.
       Quedamos en desayunar por el camino, en una de las áreas de descanso que hay en la autopista que nos llevaría a nuestro destino, por lo que acomodados en el coche nos dispusimos a abandonar el Parque Nacional del Monte Gaya. El recuerdo de las experiencias vividas ciertamente me embargaron al pasar por última vez frente a la entrada del Parque del Tripitaka, pero evidentemente el anuncio de nuevas e interesante vivencias alejó esta añoranza de mi espíritu. El paisaje, a pesar del aguacero, era impresionante. Ver la vegetación lamiendo los arcenes de la autopista no dejaba de impresionarme, esas colinas ascendiendo hasta perderse en las nubes, que explosión de naturaleza.
       Durante la parada para desayunar, y dado que el mio fue muy frugal, tuve tiempo de pasear por el área mientras mis acompañantes daban cuenta del suyo. Me detuve un buen rato viendo a las trabajadoras de los distintos restaurantes preparando las comidas y especialmente en el supermercado, era alucinante, no por lo grande sino porque sabía lo que contenían los envases de los productos expuestos en sus estanterías por las imágenes, que horror sentirse analfabeto de repente. Y para completar mi ignorancia, fue divertido cuando mi guía me explicó algunos de los ingredientes de aquellas comidas y bebidas.
       Reanudamos la marcha bajo un aguacero persistente, lo que le daba al paisaje más encanto si cabe, una hora después salíamos de la autopista para adentrarnos en un hermoso valle en el que se encontraba Goesan, una zona rural donde nació el maestro Lim In-ho. En una casa aislada, en medio del campo, se encontraba su taller, pero no fue fácil dar con el, por lo que el conductor tuvo que hacer varias llamadas para poder localizarlo. Mi guía comenzó a ponerse nervioso, pues el maestro había accedido a recibirme  su taller y no quería hacerlo esperar; durante una de estas llamadas, uno de sus ayudantes lo tranquilizó diciéndole que el maestro se retrasaría un poco.
Cuando finalmente llegamos, pude comprobar que la casa no se diferenciaba en nada de las que habíamos visto en los alrededores, era una típica construcción rural coreana, de una sola planta, con ventanas pequeñas y una cubierta de tejas oscuras. Se notaba que aquello era un lugar de trabajo, con artefactos y cacharros por todas partes, eso si, perfectamente ordenados. Leña cortada y apilada perfectamente por aquí, unos cilindros de bambú por allí, sacos de tierra, cajas por todas partes y un sinfín de cachivaches que me resultaron indescifrables.
       Como seguía lloviendo, sus ayudantes, nos invitaron a pasar directamente a la casa mientras llegaba el maestro. De modo que tuve tiempo para echar una ojeada al taller. Se componía de varias estancias entre las que pude distinguir tres: una parecía la destinada a vivienda o zona de descanso, otra, en la que nosotros nos encontrábamos, evidentemente era el lugar de trabajo, ya que había varias mesas y una grande al fondo donde pude ver a su ayudante masculino ordenando extraños utensilios, mientras la mujer nos ofrecía una bandeja con fruta recién cortada. Esta zona estaba en un nivel más bajó y tenía a la derecha una gran estantería con decenas de cajas, materiales, herramientas y varias piezas de cera que yo había visto en fotografías. Eran una especie de "arboles de letras", con un tronco en forma de cono y unas ramas que terminaban en letras, al verlas de cerca pude comprobar lo tremendamente complicado y lento que debía resultar hacer una sola de estas piezas, pues los tipos ser superponían en ocho niveles. 
       A la derecha se abría una puerta que daba acceso a otra estancia en la que pude distinguir al fondo un horno como los de cocer barro, sin duda aquella era la zona destinada a la fundición de los tipos de bronce. Estaba ensimismado mirando de un lado para otro cuando llegó nuestro anfitrión.

Observando un molde con tipos metálicos Hangul, ante la atenta mirada del Maestro.

      El Maestro Lim In-Ho, es un experto en el antiguo sistema coreano de fundición de tipos móviles de imprenta que, con solo tiene 54 años, está reconocido en Corea como "Bien Cultural Inmaterial Nº. 101", una distinción con la que se pretende preservar la herencia cultural inmaterial coreana y que alcanzó tras la muerte de su maestro Oh Guk-Jin, al ser elegido, de entre todos los discípulos del maestro, su continuador. Realmente para los coreanos las personas que ostentan este cargo son tratados como verdaderos "Tesoros Humanos Vivientes", por lo que mis acompañantes le mostraban un respeto y reverencia difícilmente comparable con la que nosotros podamos sentir hacia un artesano o artista vivo en España, salvando las distancias, es como si de repente uno tuviera enfrente a Velázquez.
       Tras las presentaciones de rigor, me pidió que me sentara mientras su ayudante me ofrecía un té, algo que para los coreanos es una muestra de cortesía. En ese momento le hice entrega de unos obsequios que le había traído desde España, así como un ejemplar especialmente dedicado de mi libro Typographica, cuyas hojas pasó lentamente, deteniéndose en las páginas dedicadas al Jikji, con la misma curiosidad que yo había experimentado antes con libros impresos en coreano. Gracias al buen hacer de mi guía y traductor, pude sostener una interesante conversación, que de otro modo hubiera resultado imposible. 
       Pese a no ver el momento de comenzar mi interrogatorio, fue él quién me preguntó primero, tenía curiosidad por saber dónde había oído hablar de él, cómo me había enterado de su trabajo. Yo le respondí que fue durante el proceso de documentación para escribir mi libro cuando supe que se estaban fundiendo tipos de bronce para la reimpresión del Jikji y de su participación en el proyecto. Siendo después, al profundizar en el conocimiento del antiguo sistema coreano de fundición de tipos, cuando realmente me interesé por el trabajo que estaba desarrollando. Me dijo que se había extrañado mucho cuando le dijeron que un español quería conocerlo, pues ignoraba que en España se investigara sobre la antigua imprenta coreana. Era verdad que había conocido a investigadores franceses y alemanes, algunos que lo habían visitado en Corea y a otros que el había conocido en sus vistas a Europa, pero que era el primer español interesado en su trabajo. Que quieren que les diga, pero yo eso me tome como un halago. 
      Le dije que había leído en un artículo, que era el Bien Cultural más joven de Corea, a lo que respondió que era cierto, pero no por merito, dado que su nombramiento se lleva a cabo en el año 2009 tras el fallecimiento de su maestro, a quién seguía venerando.
      Le pregunté cuando había surgido su relación con la imprenta, a lo que me contestó que siendo muy joven había realizado estudios de caligrafía en una escuela de arte, allí aprendió todo lo relacionado con la técnica xilográfica tradicional de edición de libros, y que tras finalizar sus estudios se decidió a abrir en 1992, en este mismo lugar, un taller en el que comenzó a imprimir libros xilográficos entrando, de ese modo, en contacto con la imprenta. 
       Su curiosidad por el antiguo proceso de impresión de libros le llevó, cuatro años más tarde, a profundizar en la antigua técnica de fundición de tipos de metal y a interesarse por los trabajos que al respecto estaba realizando el maestro Oh Guk-Jin, que a la sazón fue el primer artesano en recuperar el antiguo sistema de fundición de tipos móviles, y a quién el gobierno coreano distinguió con el título de "Bien Cultural Inmaterial Nº 101". Me dijo que ser admitido como su discípulo no fue tarea fácil, pues el maestro Oh lo sometió durante seis meses a continuas pruebas para comprobar su capacidad y destreza tallando tipos y fundiendo metal. Finalmente, su experiencia xilográfica le ayudo mucho para ser aceptado. Me confesó que el hecho de que los tipos surgieran de la nada, gracias al metal fundido, le apasionó desde el principio. 

El Maestro Lim con un "arbol de letras" en las manos.
Pero claro, tanto su maestro, como el resto de alumnos se encontraron con innumerables contratiempos, pues parte de las técnicas habían desaparecido con el paso de los años. Por lo que tuvieron que comenzar localizando, traduciendo e investigando antiguos documentos que hablaban de los antiguos sistemas de fundición de tipos de metal, entregándose en cuerpo y alma para suplir la falta de información con mucha imaginación. Además, el maestro Oh era muy estricto y exigente, no pasaba por alto ningún error, haciéndoles repetir una y otra vez todo el proceso en caso de detectar el más mínimo fallo, desde el tallado en cera a la fundición de los tipos, hasta conseguir que los mismos estuvieran perfectos. Entonces me señaló el techo de la habitación que pude ver completamente empapelado con antiguas impresiones de páginas del Jikji, me dijo que todas aquellas hojas eran pruebas fallidas realizadas junto a su maestro y que estaban allí para recordarle quién era y de dónde venía.
       Me contó que llevaba cuatro años trabajando en el proyecto de restauración de los dos volúmenes del Jikji, tras el acuerdo firmado conjuntamente con el Ayuntamiento de Cheongju y el museo, por el que se comprometían a subvencionar todo el proyecto que esperaba concluir en el año 2014 con la impresión de 200 ejemplares. Me dijo que el precio de los dos volúmenes podría rondar los 2 millones de wones, algo más de 1.000 euros, cantidad que me pareció pequeña para el esfuerzo tan descomunal que aquella empresa requería.
       Tras mostrarme las ultimas páginas del Jikji que había terminado de componer, le pregunté cómo sujetaba los tipos, entre ellos y el marco exterior. Me dijo que el sistema era muy simple, consistía en ir vertiendo cera virgen derretida sobre los tipos metálicos ya colocados en su lugar, de manera que la misma fuera rellenando todos los huecos, una cera que obtenía de sus propias abejas para controlar la calidad, cuando el molde estaba lleno de cera y antes de que la misma se solidificara, le daba unos pequeños golpes para que asentaran todos por igual, terminando con una limpieza de los ojos de los tipos para dejarlos listos para ser entintados. Entonces me enseño otra página ya preparada con la cera, en la que pude observar lo ingenioso del sistema, me comentó que para recuperar los tipos solo había que calentar el molde y derretir de nuevo la cera. 
      Me mostró un molde compuesto con tipos Hangul, para quién no lo sepa, el abecedario coreano ideado en 1446 durante el reinado de Sejong el Grande, cuarto rey de la Dinastía Joseon, en este caso los tipos estaban ajustados con trozos de bambú, me dijo que más económico que el sistema de la cera, pero mucho más complicado. 
     En este momento de nuestra conversación, su ayudante se le acercó por detrás y puso en sus manos una pieza de bronce con tipos fundidos, tal y como salen del molde, unas piezas que yo conocía por fotografías.
     
Un "arbol" de tipos Hangul.
Tras contemplarla unos segundos me la ofreció, yo pensando que para que la viera pero, ¡menuda sorpresa! cuando mi intérprete me dice que era un obsequio de su parte, aquello era maravilloso, por fin podía tener entre mis manos una de sus fundiciones. Me quede sin palabras, no recuerdo ni que le dije, pero seguro que fue una bobada. Por lo que ahora, sin la emoción del momento, quiero dejar por escrito mi agradecimiento y admiración hacía una persona empeñada en recuperar el antiguo sistema de fundición de tipos coreano y, por que no decirlo, al apoyo brindado por su gobierno para que sea posible. 
       Acto seguido me pidió que le acompaña a la otra habitación, que como ya imaginaba era el taller de fundición, allí me mostró los distintos sistemas de fundición que utiliza, tanto el de la cera perdida, que es el sistema más antiguo, como el de arena de río. 
Empezó hablándome del segundo, el sistema más moderno, aunque esto es un decir, pues el mismo comenzó a usarse a finales del siglo XVI. En una gran mesa tenía dispuestos a su izquierda, unos encima de otros, los moldes. Eran metálicos y estaban compuestos de dos partes ajustables, cogiendo uno de ellos, lo colocó en la mesa, poniendo a continuación un tipo de madera grande, para de ese modo explicarme como lo hacía. Me dijo que lo primero era colocar una de las partes del molde bocabajo en la mesa, después situaba los tipos tallados de madera boca arriba, para cubrirlos con una arena muy fina que tenía a su derecha, en un monto, aquella arena era extraída de las orillas de un río cercano, tocándola pude comprobar que estaba muy tamizada y que tenía unas características especiales, ya que al ser aplastada se volvía tan compactada que era capaz de conservar perfectamente la huella dejada por las distintas letras al retirarlas, todavía con las letras incrustadas en la arena, le da la vuelta al molde y encajaba encima la otra parte, espolvoreando con polvos de caolín, para poder luego separarlos con más facilidad, esta parte es colmatada también con arena compactada, separadas las dos partes, retira los tipos de madera dejando los huecos con la letra en negativo en la arena, luego con un pequeño cuchillo realiza determinadas aberturas de colada (bebederos) en la arena, por las que el metal fundido llegarará hasta los huecos de los tipos.

Mostrándome un  molde.
A continuación su ayudante le entregó uno de los cilindros de caña de bambú, que había visto a la entrada de la casa, en cuyo fondo había fijado uno de los "árboles de letras" de cera, de los que hable al principio, la pieza estaba sobre una base de madera sellada asimismo con cera, de modo que cuando vertiera en el molde la arcilla para cubrir los moldes, me enseñó en un gran barreño y vi que era muy fluida, no saliera por ninguna parte. Seca la arcilla, la sacaba del molde de caña de bambú, entonces ponía la pieza, boca abajo, en el horno, que tenía al fondo de la habitación, para de este modo derretir la cera haciéndola salir del molde para dejar, en su lugar, los huecos de los tipos que posteriormente serían rellenados de metal fundido, además, el calor endurecía la arcilla haciendo el molde más resistente al metal fundido. A la derecha del horno tenía la zona donde fundía el bronce en unos vasos que luego utilizaría para verter con ellos el metal en los moldes. 
       Explicado así puede parecer fácil, pero son muchas las posibilidades de que algo falle en alguno de los pasos, dando al traste con todo el trabajo. Al maestro Lim le debemos el descubrimiento de la aleación de metal con la que hoy se obtienen los tipos de bronce y que es: 75% de cobre, 23% de estaño y 2% de plomo. Asimismo ha determinado los niveles de humedad que tiene que tener la arcilla, según la época del año en la que realice el molde, o la temperatura del metal fundido, que según me dijo tiene que ser de aproximadamente 1200 grados centígrados. 
       Como pueden ver, a este artesano se le deben muchas de los avances en la recuperación del antiguo sistema de fundición de tipos móviles coreanos, por lo que pueden imaginar que fue una suerte, para mí, que quisiera compartir estos conocimientos conmigo.

Con el Maestro Lim In-ho en su taller.

      Tengo que decir que durante toda la explicación, sus dos discípulos no apartaron la vista del maestro, atendiendo en todo lo que necesitó para la misma. Ya en la calle me mostró los panales en los que sus abejas elaboran la cera necesaria para pegar los tipos en el molde. Finalizada la visita, y tras despedirme cariñosamente de sus ayudantes, nos marchamos dejando atrás aquel verdadero santuario para los amantes de la imprenta. 
       Parece que no debí de caerle muy mal al maestro Lim, pues quiso invitarme a comer en un restaurante del pueblo, que era conocido por su estupenda carne de cerdo. El lugar al que nos llevo resulto, a la postre, el más interesante de todos los visitados. Aquel pueblo no era turístico, por lo que el local carecía de sillas y mesas altas, el comedor solo tenía mesas bajas y sus usuarios eran gente del pueblo, trabajadores, agricultores, y los dueños de un comercio cercano. Cuando digo que no era turístico, no quiero decir que fuera una choza, todo lo contrario, era un local moderno, ordenado, pulcro y cuyos dueños, al ver al maestro Lim acompañado de un extranjero, se volcaron en hacer mi estancia lo más cómoda posible. Mientras dábamos cuenta del almuerzo, puede ver como se comportaban a la mesa los otros comensales, los agricultores, eran un grupo de seis o siete personas que estaban sentados de manera informar, hablando, comiendo y sobre todo bebiendo Soju, recuerdan el destilado de arroz coreano, pues lo ingerían en cantidades industriales, entre las botellas situadas en la mesa y las que tenía en el suelos había por lo menos 15 botellas, y recuerden que aquello no es un refresco, sino un licor de al menos 20 grados. Evidentemente nosotros también tomamos Soju, aunque en mi caso solo unos pequeños sorbos, y que cambié por una cerveza en cuanto pude.
      Durante el almuerzo, el maestro Lim, me habló de sus viajes a Europa y de lo bien que lo trataron especialmente en Alemania, tengo que decir que por su nombramiento tiene pasaporte diplomático. Fue increíble su visita al Museo Gutenberg en Mainz, y sobre todo que aprendió muchísimo del sistema occidental de fundición de tipos de plomo y lo brillante del invento de Gutenberg, por la pasión con que lo hizo se notaba su amor hacia todo lo relacionado con la imprenta.
      También me dijo que, desde la reciente inauguración, el pasado día 2 de septiembre de 2013, del Centro Jeonsugwan, una extensión del Museo del Jikji de Cheongju, estaba mucho más atareado, pues aparte de haber sido nombrado su director, todos los viernes tenía demostraciones para escolares y visitantes en general. Su mujer y su hija estaban al cargo del taller donde el público podía experimentar con las antiguas técnicas de impresión, fabricación de papel y encuadernación tradicional, me dijo que me tenían preparada una sorpresa. 
     Yo estaba encantado de haber conocido a una persona de su prestigio y asombrado con su sencillez, naturalidad y amabilidad, por supuesto le invité a visitar Granada por sí en alguna ocasión viajaba a España, ojalá sea así.

La explanada de acceso al Museo del Jikji.
      La tarde la habíamos reservado para visitar el Museo del Jikji, por lo que tras la despedida, tomamos el coche para dirigimos a la cercana ciudad de Cheongju. Estábamos de camino cuando mi guía, Heuk Jeon, recibió una llamada del Sr. Han Soo, que si recuerdan es el propietario de la Moveable Type Whorshop, el taller de fundición de tipos de plomo de Paju que visite el primer día, pues bien, el se había puesto en contacto con el director de programación de la cadena de Televisión coreana MBC (Munhwa BroadcastingCorporation) con presencia en todo el país dedicada especialmente a la cultura, según me explicó mi guía, Munhwa significa "cultura", para contarle  que había un español que esos días estaba recorriendo Corea, visitando lugares relacionados con la imprenta, que era autor de un libro en el que dedicaba un capítulo a la antigua imprenta con tipos móviles de metal coreana y que hoy estaría en Cheonhju. De manera que para cuando nosotros llegamos nos estaba esperando un equipo de grabación, pero como yo tenía mucho interés en visitar este museo, quedamos en realizar la entrevista al finalizar la misma.

El Cheongju Early Printing Museum, que podríamos traducir por "Museo de la antigua imprenta de Cheongju", y que se conoce popularmente como Museo del Jikji, se inauguró el 17 de marzo de 1992, por lo que año pasado celebró su 20 Aniversario, el mismo se alza en el mismo lugar donde estuvo el templo de Heungdeok, el lugar donde se imprimió el primer libro en la historia de la humanidad realizado con tipos móviles de metal, en el año 1377, el JIKJI un ejemplar que fue incluido en el año 2001 por la UNESCO dentro del Registro de la Memoria del Mundo
       Cuando llegamos nos estaba esperando Jeong-Ha Hwang, su conservador jefe, pues como era domingo el Director no pudo recibirme por encontrase fuera de la ciudad. Tras hacernos pasar a su despacho, sostuve con el una interesante conversación sobre los primitivos sistema de fundición de tipos metálicos en occidente, dado que en estos momentos estaba preparando un artículo en el que sostenía que Gutenberg fundió sus primeros tipos como los coreanos, usando moldes de arena, le comente que esta hipótesis, según sostiene Stan Nelson, especialista emérito del Smithsonian Institution, no es tan descabellada cómo cabría suponer, quién sabe si futuras investigaciones aclararan esta incógnita.
Momento de la entrega del Sinodal.
      Tras este pequeño encuentro, le comuniqué que había traído desde España, para depositarlo en el Museo que rinde tributo al primer libro impreso en el mundo, un facsímil del primer libro impreso en España en el año 1472. Tanto el Alcalde de Aguilafuente, Jesús Ballesteros Massó, como el Presidente de la Asociación Cultural del Sinodal, Fermín de los Reyes, me facilitaron amablemente el libro que el Sr. Jeong recibió en nombre del museo, un acto sencillo pero muy emotivo para los amantes de la imprenta y la historia.
       El Sinodal de Aguilafuente, para quién no lo sepa, fue impreso en el pequeño pueblo segoviano de Aguilafuente por el impresor alemán Juan Parix de Heidelberg, el único ejemplar que se conserva se puede ver en la Catedral de Segovia, donde se descubrió en 1950.
Como decía antes, el Museo del Jikji se levanta en los terrenos que ocupó un antiguo templo, descubierto por casualidad cuando al realizar, en el año 1985, unas obras para construir una urbanización, las excavadoras se toparon con los restos del Templo de Heungdeok, el mismo lugar donde se imprimió el Jikji. Este museo, además de estar reconocido por la UNESCO como lugar de interés cultural, cuenta con el apoyo del gobierno coreano, quien desde julio del 2007 lo designó zona de especial interés cultural, aprobando la inclusión de la información relativa al Jikji en los libros de texto destinados a los escolares de quinto grado en toda Corea del Sur, que es cuando los escolares aprenden el lenguaje; además dotó económicamente, a partir del año 2011, el Premio "Jikji Memoria del Mundo" que la UNESCO convoca anualmente para la conservación del patrimonio documental. Este museo recibe unos 2.000.000 visitantes anuales, con especial presencia de escolares de toda Corea. 
    Dado que era domingo por la tarde, mi visita fue tranquila y muy interesante, lo tenía todo para mí, desde la colección de libros y utensilios relacionados con la antigua imprenta coreana, a la pequeña colección de tipos metálicos originales de la época del Jikji, lo que hizo de mi visita a este museo, que es un lugar imprescindible para los amantes de la historia del arte impreso, algo maravilloso.
       El museo lo forman varios edificios de planta circular que hacen que la visita sea muy dinámica, pues se pasa de un espacio a otro sin tener la sensación de interrupción. Las primeras salas explican perfectamente como pudo ser la antigua imprenta mediante dioramas con figuras articuladas y parlantes, lo que pone de manifiesto que este museo acoge muchas visitas de escolares. Estas recreaciones son, sin duda, un eficaz instrumento pedagógico para los más pequeños y a mi me gustaron. 
       El resto de salas esta dispuestas cronológicamente, de modo que uno va contemplando como fue evolucionando el arte de imprimir en Corea, pasando de las impresiones xilográficas a las impresiones tipográficas, algunas de ellas realizadas inmediatamente antes de que, tras la última invasión japonesa en 1910, el sistema occidental de impresión acabara relegando el invento coreano al olvido.
      La visita comienza con un espacio dedicado al Jikji y al templo de Heungdeok, allí se pueden ver dos reproducciones de este libro, una copia fotográfica del original conservado en la Biblioteca Nacional de Francia y otra copia impresa completamente restaurada que muestra como sería el original recién salido del templo, también podemos ver un molde compuesto con tipos de metal de la última de sus páginas y el taco de madera tallado, que recrea el original del fondo de la cubierta, una pieza que en ese momento no comprendí muy bien como se usaba, pero que más adelante llegue incluso a experimentar con una similar. Por cierto, el director del equipo de grabación, que era un enamorado de la imprenta coreana, me comentó que su cadena había obtenido la autorización de la Biblioteca Nacional de Francia para poder grabar el original allí conservado, una empresa nada fácil, pues su acceso está muy restringido. A continuación otra vitrina mostraba varias piezas arqueológicas descubiertas durante las excavaciones y que confirmaron la existencia del templo de Heungdeok en este lugar.

      Debo aclarar que algunos de los libros expuestos eran facsímiles de los originales que, bien por encontrarse en museos, instituciones extranjeras, templos coreanos o por la fragilidad de los mismos, no pueden ser expuestos aquí pero que son necesarios para que el visitante pueda entender la historia de la imprenta en Corea. 
     Aquí pude ver una copia completamente restaurada del Dharani Sutra (Sutra de la Luz Pura), que es el impreso más antiguo del mundo, un libro xilográficos realizado en el año 751 y cuyo original pude ver en el Museo Nacional de Seúl, fue realizado con planchas de madera talladas, y lo que es más interesante, tenían también expuestas unas réplicas de las xilografías originales, que desgraciadamente no han llegado a nuestros días, con las que uno se hacía una idea de la dificultad de su tallado. Junto a este documento tenían expuesta una copia restaurada del Avatamska Sutra (Sutra de la guirnalda de flores) un manuscrito que se conserva en Corea y que se escribió en el año 754.
      También pude ver originales de libros impresos xilograficamente durante la dinastía Goryeo. En aquel tiempo, los libros solían presentarse indistintamente enrollados o plegados en acordeón. Hay que aclarar que en Corea se imprime a una sola cara, dado lo fino del papel Hanji, en el caso de los libros convencionales las hojas son plegadas al centro para formar la cara y retiración de cada una de las páginas, posteriormente son cosidas en el lomo a la manera coreana, es decir, con cinco puntadas. Este era el caso del Jijang Bisbal bonwongyeong, un libro xilográfico impreso en 1340 que pude ver expuesto en una de las vitrinas. Además algunos de ellos eran muy interesantes, pues eran pruebas de calzado de las planchas de xilografía, para compensar los propios defectos de la madera a la hora de ser impresa. También pude ver planchas xilográficas en las que habían sustituido ideogramas mal tallados por una pequeña pieza con la corrección, incluso sólo un pequeño fragmento, lo que volvía a confirmarme lo que ya me contaron cuando estuve viendo las planchas del Tripitaka, en el templo de Haein.
     Algunas de estas vitrinas disponen de unos asientos situados delante de las mismas para que el visitante pueda detenerse cómodamente leyendo los textos explicativos o viendo los originales expuestos. Había también expuestos diversos utensilios para el tallado de las xilografías, a los materiales necesarios para fundir los tipos de metal, así como ejemplos de los diferentes sistema de fundición de tipos metálicos, de los que ya hable cuando visite al maestro Lim.
      En un lugar preferente había reunidos libros y objetos que pertenecieron a la doctora ParkByeong-seon, la historiadora que descubrió el original del Jikji en Francia.
Un momento especialmente emocionante fue cuando pude ver el tipo de bronce de la época Goryeo que tiene el museo. Aunque se ha querido datar con el método del carbono-14, es realmente complejo hacerlo por culpa de la aleación con la que están hechos, hoy sabemos que durante la época en la que fue impreso el Jikji, los tipos metálicos estaban fundidos con una aleación de cobre, estaño, plomo, hierro y zinc.

El tipo "Jeon" del Museo del Jikji.
 Este museo tiene, junto al Museo Nacional de Seúl, uno de los dos únicos ejemplares del tipo "Jeon", fundidos durante de la Dinastía Goryeo, y que son muy diferentes en su aleación a los fundidos durante la Dinastía Joseon. Estos tipos fueron descubiertos durante unas excavaciones en Kaesong. La que fuera en su tiempo capital de Koryo y que es hoy en día una ciudad de Corea del Norte, situada junto a la frontera.


A la derecha se puede ver la forma posterior del tipo.
 Junto a este ejemplar, el museo tienen una colección de cuatro tipos metálicos de los llamados de "cuatro patas" por la forma que tienen la muesca de su base, y que los expertos datan en una época anterior al año 1239, aunque este extremo esta generando cierta controversia en Corea, pues son varios los investigadores que afirman haber descubierto tipos de esa época. 
      Como es el caso de Kim Johg-chun, director del Museo del té de Boseong, que a mediados del año 2013, presentó un cazo y un hervidor de agua para el té, con unos tipos de imprenta pegados en su interior, junto a otros tipos que aparecieron en la excavación donde se encontraron los dos recipientes y que pueden pertenecer a la época de Goryeo. Las pruebas realizadas a estos tipos los sitúan entre los años 1100 al 1300. Y más recientemente, a principios de septiembre del 2013, el profesor Namsan Kwon-heui, de la Universidad Nacional Kyungpook, en Daegu, presentó a los medios de comunicación doce letras de imprenta del tipo "Jeungdoga" que según afirmaba se correspondían con los tipos utilizados en libros impresos hacia 1270.
Volviendo al Museo del Jikji, ellos también mostraban cuatro letras de bronce del tipo "Gyemija", con una parte basé más redondeada, y que fueron utilizados durante los primeros años de la Dinastía Joseon, concretamente durante el reinado del rey Taejong, en el año 1403. Es verdad que estos últimos eran más grandes que lo otros, aunque yo apenas pude notar diferencia alguna en su confección, eso hay que dejarlo para el microscopio.
     Siguiendo la visita pude ver un impreso realizado con xilografía en el año 1295, junto a otro en 1607, lo que demuestra la gran pervivencia de este sistema de impresión en Corea. En la parte dedicada a los libros impresos con tipos metálicos pude ver un ejemplar del Songjo Pyocheon chongryu, impreso realizado en el año 1403, cincuenta años antes que la Biblia de Gutenberg. O un ejemplar del Jachi tonggam gangmok impreso en el siglo XV con el tipo "Gyeongja", u otro impreso usando el tipo "Gabin".

Unas pruebas de imprenta.

     Otra sorpresa inesperada fueron unas hojas amarillentas y muy deterioradas que contenían las marcas en rojo de las correcciones. Era unas pruebas de imprenta y pude comprobar como la utilización del color rojo, para señalar los errores, ni es original de nuestra cultura y por supuesto es más antiguo de lo que pensaba. Era emocionante ver las anotaciones realizadas por el corrector al margen, tanto los tipos que faltaban, como de los errores cometidos por el cajista al cambiar un ideograma por otro. Este tipo de documentos son rarísimos de encontrar, dada la fragilidad del soporte y que en la mayoría de las ocasiones una vez corregidos los errores estas hojas terminaban siendo destruidas.
      En otras vitrinas se podían ver las recreaciones modernas de las páginas de aquellos libros impresos con tipos metálicos, unos molde conteniendo unos tipos de metal realizado por el maestro Lim, sin duda para que el espectador apreciara la dificultad de aquellas páginas, que en el libro solo veíamos impresas. Entre las mismas, pude ver la recreación de una página del manual para enseñar el Hangul, el alfabeto coreano creado durante la Dinastía Joseon por el rey Sejóng el Grande y otra en la que se combinaban los tipos metálicos con una xilografía utilizada para realizar la imagen a imprimir, algo parecido a lo que Gutenberg hizo con las capitulares talladas en madera que utilizo juntos a los tipos metálicos en su famosa Biblia.
      En una de las paredes del museo habían colgado un cuadro en el que se podía ver todo el proceso de impresión con tipos de metal, desde la composición, el montaje del molde, la preparación de la tinta y finalmente la impresión, bueno, aquello realmente ayudaba a imaginar como era aquel trabajo.

     Para terminar, nos detuvimos ante una recreación de una imprenta de estilo occidental con tipos metálicos fundidos, allí pude ver de nuevo las cajas verticales conteniendo los tipos y algunos utensilios familiares como galeras, material de blanco, rodillos para las pruebas, etc.
La verdad es que no podía quejarme, pues aquella visita me había enseñado muchas más cosas sobre la imprenta coreana que las lecturas sobre el tema, algo imposible sin la ayuda del mi traductor y el conocimiento apasionado del Sr. Ma Sung-Rag, el director de la cadena de TV, en su compañía nos despedimos del personal de Museo para dirigirnos al edificio donde me realizaría la entrevista.

Centro Cultural Jeonsugwan.
      Enfrente del museo, con solo cruzar la calle, podía uno ver el nuevo Centro Cultural Jeonsugwan, un moderno edificio dedicado al antiguo sistema de fundición de tipos de metal que se había inaugurado tres semanas antes de mi visita, día 2 de septiembre de 2013. La dirección del mismo ha sido encomendada al maestro Lim, siendo su mujer, la Sra. Yumisuke, la responsable del aula de prácticas. El Centro, es el primero de los edificios que se construirán de una futura zona cultural relacionada con la antigua imprenta coreana de la época de la Dinastía Joseon, un ambicioso proyecto de la ciudad de Cheongju para el que ya ha ido adquiriendo terrenos cercanos y que pretende ser un foco de atracción turística con talleres, comercios, etc.
      El edificio de cuatro plantas, tiene en la baja un aula/taller en la que los visitantes pueden experimentar fabricando su propia hoja de papel, realizar una impresión con uno de los moldes de tipos metálicos, confeccionar una portada con el sistema de bruñido a la cera, y terminar encuadernando un pequeño librito, o ver al maestro Lim realizar, los viernes, una demostración de la fundición de tipos de metal. En la segunda se encuentra un pequeño museo en el que se puede ver, desde utensilios a pruebas del proceso de fundición de tipos de metal. En la tercera han habilitado espacio para una futura biblioteca temática sobre la imprenta, así como el lugar donde el maestro Lim imprimirá la réplica del Jikji. Y en la cuarta se encuentran las oficinas y zonas administrativas.
Como decía, nada más entrar, me recibió la señora Yumisuke, que me invitó a pasar y a realizar el proceso completo de elaboración de un libro como se haría en 1377, esta era la sorpresa que me tenían reservada y de la que me hablo el maestro Lim al finalizar el almuerzo.
      El espacio donde se ubicaba el taller era una amplia sala con mesas y sillas para los visitantes, así como unas largas mesas de trabajo situadas a derecha e izquierda, en la de la derecha se encontraban situados unos moldes metálicos con páginas del Jikji para imprimir, y en la de la izquierda varios tacos de madera tallados para el bruñido con cera de la portada. Al fondo, tras unos cristales, el maestro Lim había instalado un horno de fundición, como el que tenía en su taller, con todos los instrumentos necesarios para hacer demostraciones de como se fundían los tipos antiguamente. La decoración de las paredes era interesante, sobre un color amarillo cálido, unos dibujos en negro mostraban el desarrollo cronológico del invento de los tipos de metal en el mundo.

Imprimiendo una página del Jikji.
     Una vez descalzado y con una especie de chanclas, me invitaron a pasar a la zona donde se elaboraba el papel, eran un gran cubo con agua y pulpa de Morera sobre el que había dispuesto un molde para formar la hoja de papel y al lado una estructura metálica con calor interior sobre la que colocar la hoja húmeda para su secado. Como en mi caso no tenía mucho tiempo, realizado el proceso y tras dejar la hoja en el secadero, me proporcionó una hoja ya seca para dirigirnos a la zona de impresión. Había un molde compuesto con los tipos de bronce que había visto en el taller del maestro Lim, con la última página del Jikji y también una xilografía; pero como ya había experimentado con la madera, directamente pasé a impremir con el molde de metal, la sra. Yumisuke lo entintó con un cepillo impregnado de tinta China algo más viscosa que la usada sobre la madera, pero demasiado líquida para la tinta que estamos acostumbrados a usar en Occidente. Yo me encargué de poner la hoja de papel y de frota suavemente con una almohadilla rígida para hacer pasar la tinta de los tipos al papel. Después de que el primer día, en el taller de Paju, realicé una impresión, una duda rondaba en mi cabeza y era que, mientras que los tipos tallados en los bloques de madera tienen la misma altura garantizada, ¿como conseguían que las impresiones usando tipos de metal fueran tan buenas? cuando por el sistema de fundición coreana es imposible conseguir que la altura de los tipos sea exactamente igual. La respuesta era sencilla, con un papel tan fino y con el sistema de frotación, era muy fácil incidir sobre un tipo en el caso de que este estuviera un poco más bajo ya que como la tinta fácilmente traspasa este tipo de papel uno puede ir viendo el estado de la impresión, no obstante, Yumisuke me dijo que cuando los tipos metálicos salen del pulido y repaso, la diferencia en la altura puede llegar a ser indetectable al tacto. Termine retirando la hoja del molde, y comprobando como la estampación había quedado perfecta. 

La sra. Yamisuke enseñándome como se hace.
      Entonces me pidió que la acompañara a una de las mesas situadas en el extremo opuesto de la sala y en las que había unos tacos de madera con unos dibujos tallados y en los que colocó un pliego de cartulina que serviría para hacer la portada, con un trozo de cera me pidió que frotara la cartulina para después coger una piedra muy pulida y comenzar a frotar con ella la cartulina, de una manera casi mágica se obtenía una imagen sutil del dibujo tallado en la madera. Terminado el proceso solo puedo decir que fue una experiencia interesante y en parte reveladora, algo que agradezco de corazón a la sra. Yumisuke, quién en todo momento estuvo pendiente de que realmente disfrutara con la experiencia. 
     Ya había terminado cuando se me acercó el Sr. Ma Sung-Rag para pedirme que lo acompañara a la primera planta, donde pacientemente esperaba su equipo de rodaje, para realizarme una entrevista que la cadena MBC emitiría dentro de un programa que estaban preparando sobre la imprenta coreana, aquello era una inesperada sorpresa. 
     Los preparativos resultaron simpáticos, pues habían preparado un fondo croma azul, y mi camisa era azul, ademas en chaquetón era del mismo color, por lo que aquello no servía, rápidamente encontraron la solución. Un visitante me prestó amablemente su chaqueta, que pese a quedarme algo ajustada quedaba perfecta en cámara.
      Me pidieron mi opinión respecto a la importancia del origen coreano de los tipos metálicos y sobre la imprenta con tipos de plomo en Occidente en la actualidad, sobre mis impresiones ante la visión de las xilografías de la Tripitaka y el Museo del Jikji y en general sobre el futuro de esta técnica. Yo, por supuesto, respondí en castellano, por lo que mi guía quedo con ellos en traducirles mis respuestas para luego subtitular mis declaraciones, espero que todo salga bien en Televisión. Para cuándo terminamos el sol ya se había puesto de modo que, tras despedirme del equipo, el Sr. Ma Sung y de la Sra. Yumisuke, agradeciéndole su amabilidad y atención, cogimos el coche y pusimos rumbo a Seúl. 
      El último día de mi estancia el prgrama de visitas se desarrollaba nuevamente en la capital. El conductor recomendó detenernos nuevamente en un área de servicio para cenar, nos dijo que al ser domingo el tráfico de entrada a la capital se ponía imposible y que por tanto, era mejor hacerlo ahora que no dejarlo para cuando llegáramos y no se equivocó. En este lugar me llamó la atención un puesto, en la parte exterior, que vendía pulpo asado al carbón para llevar y que servía a los clientes dentro de una bolsa de papel sin nada más, ni una salsa o chorreón de aceite y que a la vista de la cola de compradores debía de saberles a gloria.
     Llegamos tarde a Seúl, por lo que directamente me dejaron en el hotel, hoy estaba realmente cansado, de modo que tras contactar con la familia y poner algunas fotos en Facebook, me fui directamente a dormir, el programa para el día siguiente se mostraba interesante y, por tanto, había que estar en perfectas condiciones.

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                                                                                                                Continuará


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