viernes, 3 de enero de 2014

CRÓNICAS COREANAS - 대한민국 (2º día)

DÍA 2.-  26 de septiembre, jueves.
De carreteras, acto oficial del Festival del Tripitaka 2013 y tiendas curiosas.


      Este día se presentaba interesante, la organización del Festivaldel Tripitaka 2013 me había invitado, como especialista en la historia de la imprenta, a participar en la inauguración oficial del festival de este año, tras saber que esos días estaría en Corea, lo que para mi fue todo un honor. Pero para llegar al lugar donde se celebraría el evento, teníamos que desplazarnos al sur de la península coreana, a unos 300 km. de Seúl. Nuestro destino era el Parque Nacional Gaya, que se encuentra en el Condado de Hapcheon, en la provincia de Gyeongsang, el lugar donde se levanta el Parque Temático del Tripitaka, situado en un valle a los pies de la montaña donde se encuentra el Templo de Haein.


El Ayuntamiento de Seúl.
De modo que acicalado para la ocasión y tras un desayuno en el hotel, al estilo occidental, es decir, de café con leche y tostada, aunque fuera de pan de molde, estaba listo para ser recogido a las 7,30 de la mañana. El acto comenzaba a la una de la tarde, por lo que no terminaba de entender el madrugón, pero tras comprobar el tráfico en una ciudad de más de 14 millones de habitantes, entendí las prisas por salir cuanto antes.

Lo primero fue rodear el monte Namsan, que domina la ciudad y donde esta instalada la Seoul Tower, un lugar increíble que ofrece una visión panorámica de toda la ciudad. Para esto tuvimos que pasar por distintos barrios de Seúl, lo que me sirvió para comprobar lo enorme que es esta ciudad y lo caótico y complicado de su tráfico, al pasar por una céntrica avenida me llamo la atención unas enormes pantallas que flanqueaban la vía, eran altas y curvadas en la parte superior, supongo que para que el ruido del tráfico no llegará a las edificaciones que, a una decena de metros, se levantaban tras las mismas. Durante los desplazamientos por carretera me llamó la atención la ausencia de colores en los turismos, y es porque los fabricantes coreanos de coches solos los comercializan aquí en color blanco, negro y gris plateado, si en una carretera ve un coche de otro color, sepa que es japones o americano. Lo curioso es que yo tengo un coche coreano y es azul. 

Por la autopista. 
Una vez dejamos atrás el agobiante tráfico de la capital, la autopista de me pareció maravillosa muy moderna, todas son de pago. Hay que reconocer que estas carreteras en Corea son estupendas, claro que en un país montañoso, vías como estas son imprescindibles. Son la única solución para atravesar las continuas montañas y sobrevolar los barrancos entre ellas, consiguiendo de esta manera que las distancias entre las distintas ciudades sean razonables. No quiero ni imaginarme como sería desplazarse de Seúl a Hapcheon hace cien años.

El Área de descaso. 
Una breve parada en un área de descanso, me hizo darme cuenta de que en Corea, estos espacios, no son simplemente para hacer una parada rápida, repostar gasolina y tomar algo. Aquí, las áreas de descanso, son utilizadas como lugares de ocio, con aparcamientos enormes, varios restaurantes, tiendas de comestibles, ropa o complementos, ocupan varios miles de metros, y donde no puede faltar el clásico chiringuitos de venta de CD musicales.

Cementerio familiar. 
Reanudada la marcha, en un momento dado abandonamos la autopista y nos adentramos en una zona montañosa, por una carretera más sinuosa y de peor firme, en la que a cada curva, y situados entre la frondosa vegetación,empecé a ver unos espacios despejados, con un cuidado césped, y unos monolitos que colocados de manera escalonada terminaban con uno mucho más grande coronando o presidiendo aquel espacio. Con curiosidad pregunté a mi acompañante que era aquello, a lo que me indico que eran cementerios familiares, y que el monolito situado en todo lo alto era la tumba del antepasado más importante del clan.

Con puntualidad llegamos al lugar donde se iba a celebrar el acto, era una amplia explanada ganada a la cercana montaña en el pueblo de Gaya-Myeon, y a la que accedimos por un pórtico que nos informaba de que estábamos entrado en el "Parque Temático del Tripitaka", debo de aclara que la Tripitaka Koreana, conocida en coreano como Goryo Daejanggyeong o Palman Daejanggyeong, es una recopilación de escrituras budistas grabadas en 81.258 bloques de madera, y con las que imprimieron en el siglo XIII, durante la Dinastía Goryeo (918-1392 d. C.), unos rollos de papel que fueron distribuidos entre la población con la intención de motivar espiritualmente a la población coreana ante la invasión Mongol.                                                                                                            
Los momentos previos al comienzo de la inauguración oficial del Festival del Tripitaka 2013.
En aquella explanada se podían ver varias construcciones, así como unas carpas distribuidas alrededor de una plaza central, llamada Del milenio, en la que habían levantado un escenario en el que para cuando nosotros llegamos, un grupo de taekondistas realizaban unos ejercicios al ritmo de una pareja de percusionistas. Aquellos estaba lleno a rebosar, salvó los asientos reservados a los invitados principales, que poco a poco fuimos ocupando. Terminada la actuación de artes marciales, un grupo formado por niños de diferentes países comenzó a interpretar unas deliciosas canciones populares. Mientras, mi guía, se interesaba por conocer cuales eran nuestros asientos, en mi caso la segunda fila, juntó a representantes diplomáticos de diversos países y justo detrás de los asientos reservados al gobernador de la provincia de Gyeongsang, el alcalde de Hapcheon, el Abad del Monasterio de Haein, el jefe General de la Orden, representantes políticos, militares y los embajadores de Serbia y Brasil. Como en cualquier inauguración que se precie, discursos, aplausos y más discursos que por motivos del idioma no pude comprender. El acto finalizó con la llegada de un grupo de niños llevando unas réplicas de las planchas del Tripitaka, que fueron depositadas junto al escenario, al que a continuación subieron las autoridades antes mencionadas para dejar sus huellas en unas pantallas digitales y dar por inaugurado el Festival del Tripitaka 2013.

Concluida la parte oficial, dio comienzo un acto mucho más lúdico, las autoridades e invitados pasaron a realizar una visita a los distintos pabellones, de modo que sus asientos inmediatamente fueron ocupadas por el público que se encontraba más atrás, para escuchar y jalear a una conocida cantante coreana Kim Hye Yeon que, vestida con un llamativo traje de lentejuelas, supo animar al auditorio más mayor con sus pegadizas canciones. Tras su actuación las personas mayores dejaron el sitio a decenas de jóvenes que aplaudieron a rabiar la actuación del cantante Kim Jong Kook, al qué mi acompañante se apresuró a fotografiar, pues es un cantante muy conocido en Corea. 

Actuación de las Rainbow. 
Tras él, intervinieron el grupo Rainbow, formado por seis chicas y el grupo ZE:A, formado por nueve chicos, estos son unos populares grupo del llamado K-Pop, con sus perfectas coreografías y pegadizas canciones. Viendo la reacción del público, uno se daba cuenta de que aquello resultaba muy entretenido y me dejo claro por dónde va la cultura musical coreana actual. A esto, el grupo de monjes, no solo seguía la actuación, sino que participaba en ella, que distinto el comportamiento el de estos religiosos comparándolo con la frialdad y estiramiento de los religiosos españoles.
 
Esculturas de monjes junto a la entrada al Hotel.
El acto concluyó sobre las cuatro, muy sobrepasa la hora en la que los coreanos acostumbran a almorzar, que como ya comenté es sobre la una de la tarde, de manera que nos dirigimos a un restaurante situado junto al hotel en el me alojaría durante la estancia en el Parque Nacional de Gaya, el Haeinsa Tourist Hotel.

Un establecimiento situado en Chiin-Gil, una pequeña aldea junto a al arroyo que nace en el monte Gaya, y cuyo cauce se abre pasó entre escarpadas montañas hasta desembocar en el valle donde se encuentra el pueblo de Gaya-Myeon, donde tiene lugar el Festival del Tripitaka.


La comida o Hansik, en este restaurante, me confirmó lo que ya había visto la noche anterior, un despliegue de platos, colores y sobre todo sabores muy ajenos a los que estamos acostumbrado a comer, pese a que algunos platos tuvieran un aspecto similar a los nuestros. En esta primera experiencia pude comprobar que la culinaria había sabido resistirse a la occidentalización y que no todos los platos son picantes. El plato principal era una sopa de hongos con diferentes hortalizas, acompañada de una decena de platitos con diferentes verduras, legumbres y salsas que completaban la mesa. La comida estuvo acompañada de vino de arroz, allí llamado Takju, que despistó mis sentidos, parecía una sopa de arroz blanco, por su aspecto lechoso, pero con sabor a vino, aquello era holismo gastronómico. Entre otras especialidades culinarias encontré un plato con hojas de sésamo, hervidas y aliñadas, que me resultaron deliciosas, era lo más exótico que había probado hasta el momento.

Mi guía sirviendo la sopa de hongos.
Una vez concluida la comida nos desplazamos hasta el hotel para dejar el equipaje en la habitación, que sin ser tan lujosa como la de Seúl, tenía unas impresionantes vistas al Parque Nacional Gaya, que hacia olvidar la sencillez del alojamiento, de todas formas en la misma estuve el tiempo justo para descansar pues el ajetreo de actividades me dejaba poco tiempo libre. Bueno, quizás esa tarde, pues la dedicamos a visitar los comercios del pueblecito. Tengo que destacar, por lo singular, una tienda donde su dueña, entre un caos expositivo muy cercano al síndrome de Diógenes, vendía piedras, si, piedras, de diferentes formas y tamaños que según mi acompañante los turistas coreanos compraban por haber sido cogidas en la zona. Junto a aquel pedrerío había algunos instrumentos populares, como uno de percusión que por lo visto utilizaban los monjes para hacer notar su presencia cuando pedían limosna. 

La tienda de "Diógenes".

Salíamos de este comercio cuando caía la noche, Tengo que aclarar que en Corea amanece, en esta época del año, sobre las seis de la mañana y anochece a las seis y media de la tarde, por lo que se hace de noche muy pronto, esto lo lleve francamente mal, pues acostumbrado a que el sol se pusiera casi a las nueve de la noche, para cuando llegaba esa hora en Corea yo tenía un despiste fenomenal.

Es curioso lo del horario de comida en Corea, pues apenas terminada la digestión del almuerzo, ya estábamos buscando un nuevo local donde cenar, en este caso el restaurante elegido tenía en sus cristales escritos todos sus menús, estaba regentado por un matrimonio mayor que resultaron ser muy amables, al oírme hablar con mi acompañante y resultarle diferente al idioma de los visitante habituales, lo primero que preguntaron fue mi procedencia, sin duda aquellas tierras no son muy frecuentadas por españoles. 
Preparando la panceta.


La cena consistió en una sopa de verdura de entrada y un plato principal a base de panceta de cerdo, en este caso somos los propios comensales los encargados de hacer la comida en una cocina de gas portátil colocada en el centro de la mesa, todo por supuesto con el acompañamiento de diferentes platos con alimentos conocidos como el kimchi y otros nuevos como unas maravillosa patatas asadas en un jugo picante muy buenas, sin olvidad el socorrido cuenco con arroz. Debo reconocer, sin embargo, que lo de no reconocer los alimentos nunca fue un obstáculo para disfrutar de la comida coreana. En este local nos sirvieron una excelente cerveza coreana. 

Junto a los propietarios del restaurante.
Finalizada la cena sobre las 9 de la noche, nos dirigimos directamente al hotel a descansar, pues el día había sido de lo más movido. Sin embargo aún quedaban cosas por hacer, como ponerme en contacto con mi familia en España, que a esas horas, apenas habrían comenzado la comida del mediodía, pues aunque para mi eran las 10 de la noche, pero para ellos apenas acababan de dar las 3 de la tarde. Eran curioso verlos a través de la pantalla comiendo cuando yo estaba con el pijama puesto. El día había sido intenso pero lo que todavía no sabía era que el siguiente me iba a deparar una de las mejores experiencias de las vividas durante todo el viaje, pero eso sería mañana, ahora tocaba descansar un poco.

video

Continuará.

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