La investigación en la que estoy inmerso sobre los impresores, y alguna que otra impresora, que trabajaron en Granada los siglos pasados resulta apasionante cuando se descubre un dato desconocido, pero rara vez alcanza el grado de emoción como el que ahora voy a narrar.
Andaba buscando un documento que me aclare la razón del porqué los hijos de Francisco Ventura Sabatel siguieron utilizando solo los apellidos paternos en sus pies de imprenta e incluso en documentos oficiales, de modo que nada mejor que sumergirme entre los Padrones y los Registros Civiles de Nacimientos o Matrimonios que conserva el Archivo Municipal del Ayuntamiento de Granada para dar con algo que me lo aclarara. Pero por más que buscaba de los Sabatel nada, ni una misera pista. Lo inesperado, sin embargo, me estaba esperando en uno de aquellos legajos.
En la portada del Registro Civil de Matrimonios de 1847, el impresor Francisco de Paula Ruiz decidió incluir una ilustración, alegórica al tema, con la que decorarla. Una imagen que al verla me resultó familiar, creía haberla visto antes en un cliché de los que tengo en mi colección. El problema era que no recordaba donde lo tendría y claro, sin tener certeza de que el cliché contuviera la misma imagen que había visto impresa, que no era la primera vez que la memoria me gasta una mala pasada.
Como pueden imaginar al final dí con él y al comprobar que era el mismo sentí un escalofrío que me puso lo pelos de punta, tenía entre mis manos el mismo cliché usado por mi tocayo para imprimir la portada de aquel libro.Que emoción al volver a colocarlo en una rama y saber que 176 años antes otro impresor realizó los mismos gestos que yo estaba haciendo ahora, elegir los blancos, apretar la cuña, aunque en mi caso al levantar la rama lo hacía con el cuidado al saber que aquella era una pieza de museo. Entintar la minerva Barcino, colocar la rama y descubrir que tantos años después unos rodillos volvían a manchar de tinta aquel cliché para que la depositara en una hoja de papel blanco.