lunes, 9 de febrero de 2026

La primera imprenta clandestina de Granada

 Cuando pensamos en la imprenta del Siglo de Oro imaginamos talleres imprimiendo libros religiosos o tratados eruditos. Sin embargo, en la Granada del siglo XVII también existió una imprenta secreta, escondida en una ermita a las afueras de la ciudad, dedicada no a imprimir libros… sino a falsificar papel oficial.

La historia salió a la luz gracias a un documento de 1645 que se conserva en la Biblioteca Nacional de España y en el que menciona a Antonio René de Lazcano, uno de los impresores más importantes de la Granada de su tiempo. René no era un impresor cualquiera: pues pertenecía a una familia ligada a la imprenta desde mediados del siglo XVI. Por eso resulta tan sorprendente descubrirlo implicado en un delito grave contra la Corona, aunque la tentación de obtener dinero facil fuera dificil de resistir. En una época marcada por la vigilancia constante del poder real y el control estricto de la producción impresa, el caso de René revela hasta qué punto incluso quién ocupaba una posición respetable dentro de la sociedad podía verse arrastrado a prácticas ilícitas, movido por la ambición o la necesidad. 

El papel sellado era un papel timbrado obligatorio para contratos y documentos legales, creado por Felipe IV para recaudar impuestos. Solo podía imprimirse en Madrid, bajo estricto control real. Falsificarlo suponía un fraude directo al Estado.

El negocio ilegal se articuló entre el propietario de un estanco de papel sellado, el monje encargado de una pequeña ermita y el superior del convento al que esta pertenecía. Para llevarlo a cabo necesitaban una prensa, un impresor y un grabador. Antonio René aportó la prensa y los conocimientos tipográficos, mientras que los grabados fueron realizados por Juan Mayor, nada menos que el marido de Ana, la hija mayor de Francisco Heylan, grabador e impresor de libros de origen flamenco, establecido en Granada desde 1611.


La imprenta clandestina se instaló en la ermita de San Antón, un lugar aislado y poco frecuentado.

El fraude se descubrió casi por casualidad, cuando unos alguaciles entraron en la ermita por otro asunto y encontraron la prensa, los moldes y miles de hojas falsas. Lo más irónico del caso es que, al principio, las autoridades llamaron al propio Antonio René como experto para que evaluara la imprenta. Tras declarar, comprendió el peligro que corría y huyó de Granada.

Nunca llegamos a conocer la sentencia final, pero sabemos que no fue ejecutado. Aun así, este episodio marcó el final de su etapa como impresor en Granada y explica su repentina desaparición de la ciudad y su presencia en Málaga.

Este caso nos recuerda que la historia de la imprenta no solo está hecha de libros y cultura, sino también de riesgos, fraudes y decisiones desesperadas. Y que incluso los oficios más respetables tuvieron, en ocasiones, un lado oscuro.

En el artículo aparecido en el n.º 36 de la revista Alhóndiga pueden leer la historia completa. Espero que les guste.



lunes, 2 de febrero de 2026

ENTORNO A LOS AFORISMOS IMPRESOS DE DIONISIA GARCÍA

 Excepcionalmente, algunas veces ocurre que una actividad de la que formas parte logra emocionarte en lo más profundo del alma. Voy a comenzar por el final para que puedan entenderlo.

Conocí a Dionisia García en 2003, en una época en la que la poesía era parte fundamental de mi creatividad, y su obra me mostraba un camino a seguir. Gracias a las conversaciones con ella, comprendí que, si quería avanzar en mi poesía, debía aprender y leer… leer mucho.

No fue traumático, pero sumergirme en la obra de los poetas que admiraba supuso un punto de inflexión en mi escritura que me llevó a, tras publicar el poemario Las hojas caídas, dejar de escribir poesía, aunque no de leerla.

Comenzó entonces la búsqueda de un medio para canalizar mis emociones, y el asa a la que me aferré fue, casi por casualidad, el grabado calcográfico. Esta antigua técnica me ayudó a transitar mi particular “travesía del desierto” y a acercarme al mundo de la obra gráfica.

Un curso de verano de Tipografía Experimental, impartido por el artista alemán Emilio Sdun y organizado por el Centro Andaluz de Arte Seriado, coordinado por mi hermano Manuel Vela, me acercó de manera natural a la imprenta tipográfica y a sus posibilidades plásticas y gráficas.

Por ello, la actividad desarrollada a finales de enero de 2026 en la Escuela Superior de Diseño de la Región de Murcia (Edi) no deja de ser un paso más en una historia que comenzó con la poesía.

Cuando Victoriano López Marín (coordinador del taller y jefe del Departamento de Diseño Gráfico de la Edi, a quien conocía de un taller en el Museo Emilio Sdun de Cuevas del Almazora) me propuso impartir un taller de imprenta tipográfica dentro de las jornadas de diseño Mirar. Derivas_26, le propuse de inmediato centrarlo en torno a los aforismos de Dionisia García, autora de varios libros de estas frases breves que expresan una idea profunda de manera clara y poética.

Así surgió el taller “Aforismos”, una actividad de tres días en la que los participantes exploraron las posibilidades expresivas de la composición tipográfica y con la que rendimos homenaje a la poeta murciana, que a sus 96 años mantiene una actividad poética envidiable.

Durante los tres días del taller, los participantes trabajaron con tipos móviles de madera y metal, explorando la composición tipográfica y realizando estampaciones en prensas manuales y en una minerva de palanca. El taller permitió comprender la imprenta no solo como técnica, sino también como un lenguaje gráfico y cultural.

La actividad combinó una introducción al arte tipográfico con referencias históricas (desde la xilografía del siglo XIX hasta la impresión tipográfica del siglo XX) y un trabajo práctico centrado en la realización de una composición tipográfica, tomando como punto de partida uno de los aforismos de Dionisia García.


De este modo, el alumnado desarrolló una obra gráfica completa, desde la idea inicial hasta la copia impresa final, valorando el tiempo, el oficio y el cuidado que exige la impresión manual.

El principal reto del taller fue lograr que los quince participantes realizaran, cada uno, veinte copias de su respectivo espécimen tipográfico, objetivo alcanzado gracias a su implicación activa en los procesos de entintado e impresión. Una vez impresa, a cada obra se le aplicó en la minerva de plato el aforismo que había servido de inspiración, previamente compuesto con tipos de plomo bajo la supervisión de Victoriano López.


Las obras se reunieron en una carpeta titulada
“Dionisia Aforismos”, de la cual cada participante recibió un ejemplar que reunía todos los trabajos realizados durante el taller. Una de estas carpetas la entregué personalmente a Dionisia García, quien la recibió con una alegría contagiosa, provocando en mí una emoción profunda e inolvidable.

Poder mantener la amistad con Dionisia a pesar del tiempo y de nuestras divergencias creativas, debo confesarlo, es mérito suyo. Durante años fue ella quien me llamaba para felicitarme, preguntar cómo estaba y saber de mi actividad impresora. La razón de esa amistad es para mí tan inescrutable como gozosa.